martes, 5 de enero de 2016

Ajedrez en cooperación

Este fin de semana se celebró en el Colegio Salesianos de Guadalajara el I Torneo Solidario de Ajedrez, en el que la inscripción consistía en la entrega de un juguete que repartirían los reyes magos entre niños mas desfavorecidos la Noche de Reyes. Se dieron cita 66 jugadores de todas las edades, se recogieron alrededor de 100 juguetes que se donaron a Cáritas y se pasó una tarde en comunidad de ajedrecistas, padres y profesores. Todos los detalles del evento están recogidos en la pagina web de Ajedrez en Guadalajara en el siguiente enlace: I Torneo Solidario




Viendo la buena voluntad con la que jugadores e instituciones acogieron esta iniciativa se da pie a tratar sobre la cooperación, la integración, la colaboración, el trabajo en equipo, en el mundo del ajedrez. Los tópicos no ayudan. En el ideario tradicional el ajedrecista es a menudo visto como un personaje solitario, ensimismado en abstractas operaciones mentales, sin apenas contacto con el mundo exterior, a un paso de perder la razón. La propia mitología del ajedrez ha puesto mucho de su parte en consolidar esta imagen del jugador de ajedrez. El aspecto competitivo de la partida tampoco contribuye a mejorar esta imagen. El jugador se enfrenta a su contrincante con el cual cruza una pocas palabras al empezar y terminar la partida, mientras transcurren varias horas uno frente al otro concentrados en sus propios pensamientos. No es este, a todas luces, el objetivo que persiguen padres y educadores.

Las razones, sin embargo, que expone la Unión Europea para recomendar la introducción del ajedrez en la escuela resaltan que "es un juego accesible para los niños de cualquier grupo social, podría mejorar la cohesión social y contribuir a los objetivos políticos, tales como la integración social, la lucha contra la discriminación, la reducción de las tasas de delincuencia e incluso la lucha contra diferentes adicciones". El elemento diferenciador es precisamente la accesibilidad. Para practicar este juego no hay limitaciones de edad, sexo, condiciones sociales o impedimentos físicos. En el transcurso de la partida se utiliza un lenguaje común que supera las barreras del idioma. En esos cortos minutos en que los jugadores se saludan antes de la partida y comentan su desarrollo al final, intercambian opiniones niños y ancianos, jugadores de cualquier nivel social y cultural. Fuera de la competición esta el club. El jugador prospera jugando, aprendiendo y enseñando en un entorno donde conviven jugadores de diferentes niveles y experiencia, y el conjunto de los ajedrecistas conforman una pequeña comunidad de individuos diversos con intereses comunes.